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¿Cómo publicar un libro?

Publicar un libro

Hay un viejo proverbio que habla de que toda persona en algún momento de su vida debe plantar un árbol, tener un hijo, y escribir un libro. No es una coincidencia que el acto de comunicar nuestro conocimiento en la forma de la palabra escrita se compare con dos actos de creación de vida nueva. Escribir un libro en cierta manera nos hace inmortales. Nuestras palabras sobrevivirán a nuestro tiempo en esta tierra cuando ya no seamos más que un recuerdo, y sin embargo, ante una tarea de tanta importancia a veces nos empequeñecemos, nos venimos abajo.

Publicar un libro

Uno de nuestros autores explicó en el video que acompañaba a su libro (Matti Hemmi - Hacia un nuevo paradigma) como enfrentarnos a esta y muchas otras tareas que a veces nos sacan de nuestra zona de confort.



Los escritores queremos conseguir una editorial que financie nuestras obras. Camino complicado, que no imposible. No faltan ejemplos de escritores de fama que tras mucho trabajo y esfuerzo fueron “descubiertos” por un agente literario que les dio el salto a la fama.

Si hablamos con cualquier profesional del mundo editorial nos confirmará que muchos escritores, incluso consagrados, están buscando editoriales de autoedición como vía de salvación de sus derechos de autor y el control de ventas de sus publicaciones.

Las ventajas son muchas, y las razones de cada uno variadas, pero las podemos agrupar en las siguientes:


Derechos de autor:

Cuando un autor firma un contrato con una editorial pierde el control de los derechos de su obra. Durante un plazo de aproximadamente 7 años la editorial puede hacer lo que quiera con el manuscrito: desde archivarlo y no hacer nada con el hasta vender los derechos para hacer la próxima película de Spielberg. El autor no tiene ningún tipo de control ni poder de decisión sobre este proceso.

Sin embargo, cuando el contrato es firmado con una editorial de auto edición como Punto Rojo Libros es el autor quien retiene el 100% de sus derechos y decide que se hace con el libro.


Regalías

Las regalías, también conocidas como comisiones de venta o royalties, es la parte que le queda al autor cada vez que se vende un libro.

En el caso de haber firmado con una editorial tradicional el autor recibe habitualmente entre un 7% y un 12% del precio de venta del libro. Cuando el contrato es firmado con una editorial de autoedición el autor recibe el 100% del precio de los libros.

Debemos tener en cuenta que esto ocurre con los libros que haya adquirido el autor y que venda por sus propios medios, ya que si queremos disponer de la posibilidad de vender en librerías o plataformas el porcentaje correspondiente a ellos debe ser deducido.

Las librerías normalmente reciben un 30% del PVP si podemos trabajar directamente con ellas. Si es necesario entrar a través de una distribuidora el porcentaje que debemos entregar varía entre un 30% y un 40%. Cuando se trata de plataformas de distribución por Internet el porcentaje varía igualmente entre un 30% y un 60% dependiendo del país, el mercado e incluso el precio del libro.


ISBN y Depósito Legal

El ISBN es el equivalente al número de serie o matrícula de todos los libros que son editados en el mundo. Sin un ISBN nuestro libro no es más que un fajo de folios sacados de una copistería. En España el ISBN lo otorga el ministerio de cultura y las normas que lo regulan son de obligado cumplimiento para todas las editoriales.

El depósito legal es una figura que ha ido perdiendo fuerza con el paso de los años y la implantación de las tecnologías de impresión digitales.

Dado que muchas librerías y grandes superficies no aceptan ISBN que no sean de una editorial es imprescindible que el libro venga a través de una editorial.

Punto Rojo Libros es un ejemplo de compromiso con el autor. No se limita tan solo en imprimir libros de calidad, sino que acompaña y asesora al escritor durante el proceso de edición, promoción y distribución de sus libros.

He terminado la novela, una obra en la que llevo trabajando semanas, meses, es muy posible que años. Le he ganado la batalla al tiempo, pese a que el tiempo se ha llevado jirones de mi vida y el esfuerzo me ha dejado sus marcas en mi rostro. Pero mereció la pena: mis manos portan el peso de cuatrocientos veinticinco folios, el resumen de una historia que a mí me pareció digna de ser escrita. También a mis amigos más cercanos. Pues bien, aquí la tengo. Este tesoro mío: mi novela.

Así piensa el autor, un profesional medio que ha ido robando horas al sueño y ha escrito su opera prima, su gran tesoro de la que se siente sumamente orgulloso. En ese momento, un montón de agradables sensaciones se te pasan por la cabeza; te ves en los escaparates de las principales librerías de España, quizás del mundo. Sueñas. Tienes todo el derecho, cuesta tan poco soñar…

Comienza una nueva aventura, la más decisiva: que lean tu novela. Vas al copista y te haces con una veintena de copias de tu manuscrito. Comienzas a percatarte que la aventura no va a resultar barata. Hay que añadir sellos, sobres y los envíos de los manuscritos por correo Sigues feliz, porque estás imaginando que el mamotreto adquiera una bella forma, una estructura radiante a ojos vista del lector, tu comprador. Pero eso ahora queda lejos, falta un proceso vital: que tu manuscrito llegue a las manos de un editor o de una persona cercana o amiga del editor, esa persona que pueda llevar a una imprenta tu manuscrito.

Si decides enviar un manuscrito no solicitado a una editorial para proponer la publicación, tienes que tener en cuenta que se reciben varios miles al año. Así que es importante que el manuscrito que envías cumpla algunas sencillas condiciones:

Que la copia sea legible: no hay unas condiciones concretas, pero conviene que la letra no sea muy pequeña, que el interlineado permita una buena lectura, con unos márgenes correctos, etc. No hace falta que te compliques mucho: una Times New Roman o una Arial a 11 puntos y con espacio y medio de interlineado es un formato clásico por algo. Haz que el título y el aspecto general sea atrayente: es la tarjeta de visita de tu manuscrito, lo primero que se ve de él. Seguro que tu preferencia se centra en que aparezca atractivo.

Si quieres mandar una carta de presentación, hazlo. Es conveniente. Pero cuidado, no te extiendas más de lo necesario. Te aconsejo que sea algo breve y muy claro: explica quién eres y qué estás mandando (una novela de amor, un thriller, una novela histórica). No hace falta mucho más.

Mucha gente incluye al principio una sinopsis de la obra, en pocas líneas, para que el lector se haga una idea. Tampoco estorba, aunque no es imprescindible. No te olvides de poner tu nombre y apellidos y una forma de contacto en el propio manuscrito (la carta se puede perder, una tarjetita también).

Misión cumplida. Ahora, te queda esperar, desconectar un poco de tu novela, que ella haga lo necesario para que obtengas una respuesta positiva. Tu trabajo, ya está hecho.

Pero el tiempo transcurre con una lentitud plomiza y desesperante. Te dices que desconectes. Intentas hacerlo, pero te resulta difícil dejar la mente en blanco. Te invade la prisa, esas ganas desatadas y locas que sientes por ver “hecho carne” tu proyecto literario, incluso juegas con el diseño de la portada: si será una fotografía, si un dibujo abstracto, si estaría bien un color sombrío y fuerte, si sería más adecuado un tono más opaco. Mil vueltas a una misma idea, como una noria que no se para, aunque en realidad no tienes ganas de que se pare, al menos hasta que llegue una noticia. Pero esa noticia no termina de llegar, lo que te consume por mucho que tú no quieras.

Las noticias, como el agua de un manantial, llegan a tus manos en forma de borbotón de negativas y unos cuantos “lo sentimos”, que te dejan inicialmente confuso y golpean duro la moral. Sientes la pesada cruz de “escritor frustrado” durante unos cuantos días, puede que durante unas pocas semanas. Esa mala sensación se va quitando y renaces con nuevos bríos. Confías en ti mismo, en lo que te ha salido del corazón, en esa historia que te ha tenido en vilo durante meses y ha cubierto espacios en blanco en noches que se hicieron cortas por la intensidad que pusiste. Recuerdas que muchos célebres autores, gestores de obras universales, también fueron rechazados en su día hasta que vieron la luz y les llegó la fama.

No vas a decaer, no puedes consentirlo, debes hacer algo y lo haces. Comienzas a vivaquear por distintos cauces, por amistades que de alguna manera puedan tener alguna relación con el mundo editorial. Llamas a decenas de lugares y amigos comunes y siempre recibes casi las mismas respuestas: unos admiten que se encuentran con exceso de material; otros, con amabilidad, te abren la puerta, aunque adelantan dos cosas: que vas a tardar en recibir respuesta y te avisan de que te pongas en lo peor, en ese “no” que tarde o temprano te caerá como un balde de aceite hirviendo. Pero tú no pierdes nada, das las gracias y envías el manuscrito a las editoriales que sean necesarias, aunque muchas te ignoran, pero tú sigues, debes seguir, tienes que seguir, porque tu sueño es más fuerte que todas las negativas del mundo.

Esa es la clave: tu perseverancia.

Si tienes fe en tu obra, sigue, no bajes la guardia, recuerda que muchos grandes autores pasaron por el trance de ser rechazados por numerosos editores. La confianza en tu manuscrito ha de ser total. Si es así, puedes estar tranquilo, más temprano que tarde, esa llamada llegará a tu puerta. Algún día podrás ver cumplido tu sueño, que no es otro que el tener entre tus manos un libro: tu novela.


Editorial tradicional y autoedición

Existen muchos mitos por parte del autor novel sobre el mercado editorial. Muchos piensan que basta con haber escrito un libro. La realidad es un tanto más complicada.

Primero, sí, has de escribir ese libro. Luego, has de revisarlo y pulirlo, ser sincero contigo y no darte por satisfecho hasta que de verdad no hayas sido capaz de vislumbrar y corregir errores y averiguar si tus palabras pueden llegar al corazón de los lectores. Piensa que incluso después de haber terminado con tu obra, vista su calidad literaria, no es suficiente para que un editor apueste por ello y lo financie. Si entendemos que en ese momento el editor hace el papel de inversor, comprenderemos que no puede apostar por toda obra que les llegue sin asegurarse al menos que podrá recuperar su inversión inicial. Por lo general, se necesita tener padrino para llegar la mesa de una gran editorial. No, no digo que sea imposible y tengas la suerte de que alguien lea tu manuscrito y le dé el visto bueno; pero es como echar un boleto y que nos toque el premio gordo.

No desanimo al intento de contactar con las editoriales tradicionales en una apuesta por nuestras creaciones literarias. Si lo vas a intentar, asegúrate primero de cómo funcionan las editoriales con las que vas a contactar. A veces, enviamos una novela a una editorial de ensayo, un poemario a otra que no publica poesía, etc. Estaremos perdiendo el tiempo. Busca un directorio de editoriales y selecciona aquellas en las que veas que encajas como autor. Infórmate de cómo quiere que le presentes tu manuscrito. Algunas lo quieren completo y en papel, otras; por correo electrónico. Las hay que prefieren una sinopsis y un perfil personal del escritor, etc. Luego, ármate de paciencia. Pueden pasar meses hasta que recibas una respuesta o puede que nunca la recibas. Una de las herramientas con las que ha de contar un escritor durante y después del proceso de escribir es la paciencia.

Quizás no sea mala idea autoeditarse. Hoy en día es más fácil gracias a la edición bajo demanda y la posibilidad de promoción que ofrece internet. Además, piensa que si te financian tu obra vendes tus derechos y ganarás aproximadamente un 10% de ventas por libro. Y eso de que puede que te adelanten miles de euros por la compra de tus derechos, puede resultar una utopía. No siempre es así… a no ser que te apellides, por ejemplo, Reverte…

Si contratas los servicios de una editorial para que edite y distribuya tu libro, tuyos serán tus derechos. Aquellos ejemplares que tú vendas por tu cuenta te aportarán el 100% de beneficios. Si quieres que la editorial te ayude en la distribución, tus ganancias por ejemplar vendido siempre serán mayores que con una editorial tradicional.

Pero si te decides por esta opción, también tendrás que conocer y valorar este mercado. Existen muchas editoriales que ofrecen este servicio y las tarifas pueden ser dispares, muy dispares. Además, algunas de estas empresas se limitarán a hacer tu libro y no te ayudarán con la distribución.

Autoeditarse no va a quitarte prestigio. Muchos autores consagrados se autoeditaron antes de llegar a ser financiados por editoriales tradicionales. Incluso algunos, han decidido dejar de vender sus derechos y optar por autoeditar sus obras, para no estar atados a unas condiciones marcadas por un contrato editorial.

Es una forma de abrirse camino, crearse un perfil profesional y darse a conocer. Una manera de llegar al lector y conseguir que alguna editorial quiera comprar tus derechos.