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¿Cómo escribir un libro?

Escribir un libro

¿Tienes una buena historia que literalmente te quema en tus entrañas, una historia fantástica y enriquecedora que puede dejar a más de un lector con la boca abierta? ¿Eres capaz de visualizar con todo lujo de detalles esa historia?

Escribir un libro

Si tienes ese tesoro en la cabeza y tu corazón te pide que le pongas alas y eche a volar, no lo dudes: lánzate a tumba abierta y da rienda suelta al corazón, a ese sueño hermoso que es escribir una historia. Permítenos que antes te demos un consejo que será clave en todo el proceso y no debes olvidar nunca: pasión y corazón en lo que escribes.

También has de ser fiel a esa línea recta imaginaria, que tiene nombre y se llama Sinceridad. Lo peor de una persona es la mentira. El mentiroso, además de ser poco fiable, lleva un mal camino y terminará derrapando. Procura plasmar en papel esos sentimientos que de continuo llaman a tu puerta y tú, a veces, no quieres escuchar, o no sabes escucharlos. Encara con valentía y decisión la historia, rocíala con muchas capas de sentimiento, y seguro que irás por buen camino.

Si consigues escribir esa historia que desde hace tiempo te quema, la visualizas y desarrollas como se merece, sin escatimar ni un gramo de energía, entrará otro elemento en acción: tu alma. Ella será la que impregne ese carácter que toda buena obra requiere para que llegue a buen puerto. A las manos del lector. A las manos de muchos lectores.

Has de tener en cuenta que un libro es una parte de tu vida y puede marcar definitivamente tu trayectoria en el futuro.

Cuando te sientes a escribir tu historia debes de tener en cuenta, por encima de todas las cosas, que sea creíble desde el primer momento. No cometas errores en los datos que aportes. Documéntate y amarra cada detalle. Muchas veces, la falta de rigor de un autor ha arruinado una trama inicialmente bien construida. No te importe el tiempo, no te precipites. La impaciencia suele atrincherarse en tu cerebro con una mina llena de errores dispuesta a explotar. Por ello, sé minucioso y anota cada dato que se requiera. No lo confíes a la memoria. Apunta. Apunta los detalles que creas son imprescindibles para el enriquecimiento de tu historia. Amarra todos los datos, situaciones y fechas. Si logras esa necesaria credibilidad habrás conseguido meter al lector en la historia y quedará enganchado a la misma.

El objetivo no es fácil. Puede que lo que cuentas haya suscitado el interés del lector, que no se contentará con un par de páginas bien escritas, sino que querrá más. Por fortuna has conseguido que el lector entre en ese estado ideal que nosotros llamamos voracidad lectora. Saber manejar ese interés no es fácil. Un traspié, te puede hacer caer y dar al traste con todo. Nada más patético que un lector abandone una novela en la página número 30 o a mitad de la novela. Por ello te voy a dar unos cuantos consejos.

Si has conseguido que el lector desconecte del mundo y sólo tenga ojos y manos para tu obra, no tires por la borda semejante privilegio. No seas reiterativo en lo que expongas y desarrolles; sé directo y huye del abuso molesto de los adjetivos; no demuestres al lector “lo bien que escribes”, que sea él quien lo descubra. Cuando creas que ese momento de la historia ha llegado a un punto álgido y de alta tensión, pega un volantazo, dale un respiro al lector, aparca ese momento y comienza con otro capítulo; esa ventana queda abierta y ahora tienes otro reto, que vaya subiendo de grados de interés ese otro capítulo, tanto o más que el anterior, y cuando ya se encuentre en la cima y pienses que los latidos del lector se han acelerado, vuelve a dar un giro al relato, cambia de nuevo; ya cerrarás la ventana; vuelve a abrir otra.

Para ser más gráfica esta explicación, una novela es como una casa con muchas ventanas, que dan al mar o a un maravilloso paisaje; el escritor tiene que tener la habilidad de abrir y cerrar esas ventanas. Una vez que están todas las ventanas cerradas convenientemente, ahora llega el desenlace: abrirás la puerta para lo que tenga que suceder suceda.

Los nombres de los personajes y sus distintos caracteres deberán permanecer durante toda la obra bajo control. No puedes matar a alguien en un capítulo y que aparezca en otro como si tal cosa. No puede encontrarse un personaje en Madrid y aparecer dos páginas más adelante en Barcelona. O en Sacramento (California).

Si los rasgos de la personalidad de un individuo aparecen de una manera muy definida, diez páginas más arriba no lo podrás dibujar de otra manera radicalmente opuesta o distinta. Los rasgos de cada individuo puedes pergeñarlos como quieras, pero una vez que lo hayas decidido, sé consecuente y sigue fielmente los trazos originales y sus perfiles psicológicos; sin más cambios que no sean los lógicos dentro del proceso natural de cada individuo.

Del mismo deberás cuidar la manera de hablar de cada uno, porque no es lo mismo la forma de expresarse de un cirujano que el camarero de un bar o el portero del edificio donde vive el protagonista. El lector no tardaría mucho en percatarse de la irregularidad en el manejo de las expresiones de cada uno.

Sé muy cuidadoso también con las fechas y los lugares. Y, por supuesto, las circunstancias. Si la trama se desarrolla en 1964, la protagonista no puede llevar nunca minifalda ni teléfono móvil. Y el Internet de manera generalizada no apareció hasta los últimos coletazos del siglo XX, por lo que anda con tiento y no utilices el buscador de Google en 1995. El oficio de escribir es un arte que requiere vocación, esfuerzo, sinceridad y un inacabable aprendizaje. De nada vale la inspiración si no se es constante y se dispone de las necesarias herramientas para plasmar con éxito las ideas.

Nada más apasionante que escribir una historia, pero no hay nada más excitante que hacer que esa historia llegue al corazón de la gente. Inténtalo, te ayudaremos.